era la fiesta-
había un flan exquisitamente exótico, no era rico en verdad
no había alcohol, y la música sonaba bajito
todos comenzaban a inquietarse
yo iba a hablar con los coordinadores, les decía: su objetivo era que la pasemos bien,
no lo cumplieron. Y con un silencio sepulcral me iba.
Sabiendo, sabíamos que ese momento aparentemente tan importante de la vida no iba a ser recordado sin frustración. Miedo a que no suceda todo lo que debería, sin saber bien por qué.
La heroína y el reparo en el silencio, en fin, la señorialidad con que había señalado con mi gran dedo de la boca, eso me regocijaba, me causaba placer.
real.
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