domingo, 9 de octubre de 2011

editando al soberano

todo proceso de creación es digno de ser mostrado.
dedicado a mana, mi compañera de lenguas.


te miro, me mirás

poner el ojo-

distinto del ojo puesto


todo nuevo. acá bajo yo


Una vez me dijeron críticamente que mi problema consiste en escribir el resumen de mis razonamientos. Este es un claro ejemplo del caso. Redundante. Aquí el intento de explicación.

Es como que estás en una fiesta y mirás vos en vez de esperar a que te miren -los quinientos años de sometimiento y la palabra vomitiva autoestima-. Te miran porque ocupás un lugar gigante porque sos gigante... pero, ¿y si yo te miro a vos?

Es tan obvio, lástima semejante nivel proveniente de una mujer tan instruida. Lo nuevo es el reconocimiento de las obviedades, que a pesar de toda la necedad del mundo, que asumí en sueños mirando al cielo, las cosas son como tienen que ser. Me bajo del colectivo después de elegir al chico más lindo y alucinarle atributos.

Mis caprichos contra la realidad tal vez son un tanto innecesarios... pero ¿por qué? Yo quería ser auténtica y rebelde.  Ah-, lo comprendo: hay ciertas rebeldías que están aceptadas y otras que no.

Caprichos contra las reglas del movimiento y la felicidad apestan. Es decir, tienen cierta legitimidad romántico-cultural: el reservorio nostalgioso de pérdidas, perdedores y perdidos. Eso que nos hace constituir una cultura tan pomposa, tan bien provista, con una masa tan significativa de aprendizajes que nadie recicla ni utiliza; porque todos queremos ver la desnudez de la matrix, entonces la educabilidad es absurda. Pero prevalece y así es que no ocupamos todos estúpidamente el mismo espacio y así el espacio no explota.


Entonces me bajo acá del colectivo. O estoy abajo desde donde todo se ve. El lugar poco apreciado donde con un ángulo perfecto de no sé cuántos grados, porque nunca me tomé el tiempo de prestarle atención a esa forma de hablar, se clava la falta completa y el escenario lleno explota.

Vos  mirás, él te mira, abajo el ángulo, se suspende el juicio, la cultura, la mar en coche, orgasmo,
quietud y cuando toda mi razón mira ese momento exclusivo que bien podría asimilarse a la felicidad....
lo único que queda es que se ha ido.

Como cuando me bajo del colectivo luego de haber ideado una completa fantasía con ese chico que me mira y que yo miro, pero no sé si lo miro porque me mira o simplemente porque lo miro.

Porque adonde yo miraba -me informaron- debo dejar de mirar. Y todo lo demás no sirve- comprobado-. Pues lo logré, pero tenías razón. Y odio que tengas razón. Odio no tener razón. Yo creo que tengo razón en realidad pero también opino que tu razón es corta: Infeliz. Peor yo.

Y sí... orgullosa la realidad de sus putas reglas me demuestra que me mira ese chico que en realidad es el mismo chico que yo miraría. Pero estoy tan pero tan cansada que me bajo del colectivo y siento el vacío. El mismo que advertía cuando intentaba atrapar la felicidad con mi red intempestiva, esa después del coito, cuando me decías que hicimos el amor y que chau hermosa, cuando yo intentaba respirar y recuperar parte de mi cuerpo que se había ido, habiendo viajado y realizado en toda su cósmica existencia el amor del polvo, ese vacío de lo que se fue. Del bondi que arrancó y nos miramos con una sonrisita. La última.
porque para peor la realidad es ácida

y esto es un leit motiv que le pasa a todo el mundo.

2 comentarios:

  1. aaaaaahhhhhhh!
    deberìa darme vergüenza sentirme tan orgullosa porque me dediquen el post màs lindo de todo el blog, y la semana y los colectivos?
    claro que no, que sonrìo entonces

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  2. gracias mana. y sí, al soberano hay que domesticarlo con estilo. feliz de que sonrías.

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