sos horrible.
el problema de la escritura,
te permite decir cualquier cosa.
es gratis, público, anónimo en cuanto a enunciación -más allá de la teoría.
el temita del microfascismo sentimental, el derecho otorgado por un sentir, la impunidad siempre queda marcada en la cara: suele crear muecas, arrugas, cotidianeidades.
zarpado.
ayer me hablaron de un barco transitorio.
me sentí feliz como cuando vi esa palabra escrita en un tacho de basura; cómo explicar, portaba el aura de algún humanoide que pasó por allí. Fue su paso lo que me hizo feliz, desconocerlo, no poder pensarlo. Mientras la cara de algunos empalidecía, dentro mío se hinchaba un pequeño motor, que siempre está en un costadito, ansioso, voraz, esperando su momento, una pequeño filósofo (el motor mujer), que suele llorar sus pequeñas prisiones, hace el papeleo con lágrimas sonoras, pesadas, pasadas, quejumbrosas. Tímidamente -como los barqueros de Ulises de oídos tapados y espaldas volteadas a la melancolía-; el-la pequeño-a (el motor mujer) explotó desde adentro del pecho liberando la alegría de la búsqueda, la gracia de la incompletitud.
fa.
qué miedo. el terror del territorio. de un furcio al otro. que quiero decir m y digo a, y de la u me sale una e. Aquel viaje. puede ser un indicio. no cargar karmas ajenos. no resignarse. no dar explicaciones. no hacer lo que no quiero. tocarme bien adentro, sin verguenza, porque soy nena. no me importa que me veas. y si no me mirás tampoco me importa, porque no necesito nadie. solo a aquel sujetadito (a) que explota cuando está de tránsito en algun aeropuerto, y que a veces aflora, y yo vuelvo a respirar. como aliviada.
menos ironía y más verdad.
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