no puedo más
me desbordo
me caigo
sola
existente
¿cómo que no se trata de mi?
en la convalecencia cotidiana
toda mi vida está puesta sobre la mesa
extraño mi frescura y mi buen humor, extraño los dolores normales, y la nadería por la que me solía preocupar
desde el fondo de sus habitaciones, rodeadas de personas, las mujeres gritan y no paran de querer morir
y yo no quiero escucharlas más.
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